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LAS DISTINTAS FORMAS QUE TIENE NUESTRA HABLA

Cuando me comunico con las personas a diario tengo a bien usar el idioma español, pero a veces, tengo que reconocer, no me comunico de la misma forma con todas las personas.

 

Con los desconocidos puedo llegar a ser una persona muy distinta, “Buenos días señor”, luego prosigo con mi camino y me retiro sin más.

 

Existen otros tipos de desconocidos a los cuales quiero impresionar de forma positiva. Por ejemplo, en una entrevista de trabajo, pugnando con varios candidatos por un puesto que deseamos tener a cambio de lo que sea. Mi habla en esta oportunidad esta rodeada de palabras refinadas y cuidadosamente seleccionadas. Entro al salón y le digo a la señorita que atiende: “Discúlpeme, puedo tomar asiento…”. Mostrando probablemente el lado menos conocido de mí, pues me siento todo una personalidad reconocida que solo busca algo que, supuestamente, no le interesa mucho, pues por como me expreso, estaría haciéndole un favor a esa empresa con mi presencia laboral.

 

Otra forma de hablar a una persona desconocida, que tiene el mismo fin de impresionar, puede ser cuando deseo capturar la atención de una belleza que ha invadido mi corazón. “No sabía que los ángeles estaban cayéndose del cielo…”. Acá el habla varia de un total respeto a combinar adecuadamente las jergas y palabras más vistosas acompañadas de una impresionante postura que garantice el logro de mi cometido.

 

Totalmente distinto hablo si es que luego me encuentro con uno de mis mejores amigos, a quien seguramente lo saludare con un: “Habla maldito…” o alguna lisurilla muy común entre los jóvenes, todavía podría considerarme uno de ellos, y hablaremos muchas palabras que no figuren en el Diccionario de la Real Academia Española, llámese modismos y jergas.

 

Llego a mi casa, y nuevamente hablo diferente, pues con mi madre se puede hacer una combinación de jergas con palabras medianamente educadas para no recibir una mirada reprobatoria de parte de ella. Ella se puede conforma con un: “Hola viejita…”.

 

Puedo enumerar un montón de personas que puedo a ver diario cuando realizo mis labores diarias y comunes: el vendedor de la esquina, el chofer, el profesor que tuve en la universidad, el hijo de 7 años de la vecina de al lado, etc.

 

Debo ser un gran selector de las palabras que puedo pronunciar pues todas ellas generan en mi ocasional receptor una imagen de mí. Claro, todo lo debería decidir yo, pues con mi particular estilo de hablar puedo deshacerme de alguien o buscar hacerme amigo de otro.

 

El caso en concreto es que mi forma de hablar no se diferencia de las que usan los demás personas, felizmente todo tenemos esa misma forma de comunicarnos.

 

Son pocas las personas que defienden su propio estilo de hablar y la practiquen sea el lugar en el que se encuentre, la persona a quien se dirija o el animo que tenga. Mi más sincero respeto para esas personas pero de veras que es mejor usar toda la variedad de palabras que tengo a mi disposición.

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