EL LENGUAJE DE LAS MADRES: PRIMERO MI HIJO
Cuando uno tiene una relación con una pareja que ya tiene hijos de un compromiso anterior, quiera o no, pasa a heredar las situaciones que estos propicien, con sus respectivos acuerdos y desacuerdos. Si el hijo en cuestión desea aprender idiomas, pues debemos convertirnos en profesores sin sueldo y por horas, si el hijo necesita un refuerzo en sus clases de matemáticas, pues debemos volver a los números. Si el hijo quiere mudarse pues debemos ser agentes de mudanza también. Y justamente una combinación de estos ejemplos se dieron hará cuestión de dos semanas en la casa de mi novia. Debo empezar diciendo que no convivo con ella pero que algunos días me quedo a pernoctar en su casa. Por otra parte, el hijo de ella vivía en casa de su abuela desde hacía un año aproximadamente porque al principio, sí estuvo viviendo en casa de su madre, mi novia. El es un joven que tuvo un problema de salud bastante serio, lo que derivó en una operación de emergencia y un período postoperatorio de recuperación tan extenso como siete u ocho meses, mismos en los que estuvo viviendo en casa de su madre y atendido por ella. Pasado este tiempo, Jorge decidió mudarse a casa de su abuela, ya que de una u otra manera, allí encontraba mayor privacidad, ustedes saben, las abuelas siempre apañan las iniciativas del nieto y como Jorge era músico, ya se imaginarán a lo que me refiero. Jorge aprovechó la buena disposición de su abuela y se mudó con todo y novia propia a la casa de la misma. Ella era una psicóloga que había conocido en una reunión, además se ganaba los tiempos libres como profesora de idiomas, dando clases por horas a unos niños de escuela.
Pues el tiempo pasó y el espíritu bohemio y poco concentrado de Jorge, lo hizo terminar su relación con la psicóloga, que quedó bastante desencajada puesto que ya habían hecho planes juntos y se pensaba en formalizar la relación. Pero los artistas son así y difícilmente se puede establecer una regla general que rija su comportamiento. El hecho es que Jorge, siempre con su privacidad y libertad como horizonte, decidió mudarse una vez más, obviamente no podía volver a las faldas de su madre, por lo que decidió rentar un pequeño piso para él solo. Su idea era trabajar, aprender algún idioma y por supuesto, seguir con su música. Estuvo buscando durante dos semanas hasta que dio con lo que quería, un lugar perfecto, con vecinos que paraban viajando y con bastante seguridad, allí podría hacer su música sin ser molestado. Pero, cuando creí que ya empezaba a aparecer el hombre maduro y solvente, una vez más tuvimos que asistir la mudanza. Y digo tuvimos, porque evidentemente la madre, nunca deja de ser madre. Por esto, mi novia y yo tuvimos que hacer las veces de agentes de mudanza y ayudar al desordenado Jorge con sus cosas. Sucede que varias de sus pertenencias aún se encontraban en casa de mi novia y se las quería llevar para su nuevo piso. El primer problema al que me enfrente fue la posesión de la cama. En efecto, en este tiempo, había acondicionado el antiguo cuarto de Jorge como un privado, donde tenía el ordenador, algunas películas y mucha música, era como una especie de búnker, donde me refugiaba a pasar largas horas y lo bueno era que tenía allí mismo una cama donde a veces me recostaba a leer y escuchar música en total privacidad. Bueno, pues ahora le decía adiós a la cama.
El segundo problema fue algo que parece muy simple cuando se narra pero que encierra un problema de fondo que podría ser peligroso para cualquier relación de pareja. Sucedió que poco antes de que Jorge anunciara su mudanza, mi novia me había obsequiado algunos comestibles enlatados que no pensaba usar y que le habían regalado en las últimas fiestas de fin de año. Pues cuando me dirigía a la despensa a recogerlos, para llevármelos, me di con la sorpresa que ya no estaban. Cuando le pregunté a mi novia por el paradero de los mismos, me indicó que se los había dado a Jorge, su hijo. Increíble, había decidido sobre algo que era mío a favor de su hijo. Pues si usted está en situación similar, esté atento, porque esta es una de las prerrogativas de la maternidad, y el hijo tiene prioridad absoluta en cualquier situación. El respeto y la consideración quedan abolidos al instante. No se de que me extrañaba si lo sabía muy bien desde antes. Hay tantos reportajes y noticias de madres que apañan a hijos que han cometido crímenes y yo buscando mis frijoles en lata. Deberían darme el Oscar a la inocencia.